Todas necesitamos una habitación propia, por lo menos toda la vida

Todas necesitamos una habitación propia, por lo menos toda la vida, esto lo pensé después de asegurarme una vez más que los libros nos eligen y no al revés.

Después de buscar algunos libros en distintas librerías y sin tener éxito alguno, me encontró el libro de Virginia Woolf “Una habitación propia”.

Creo que cada quién lee lo que siente que es bueno para el momento o mood que está viviendo.

Este libro me encontró definitivamente, no quiero contarles de que trata con exactitud porque me encantaría que lo leyeran, pero les explicaré un poco, para podernos entender.

Virginia Woolf es sin duda una mujer de otro siglo, de otra parte del mundo y muy valiente para su época. Cuando la leí, sentí que mis pensamientos se estaban ordenando y que estaban siendo compartidos también.

¿Les ha pasado algo similar al leer?

Virginia menciona y compara a distintas mujeres que pudieron ser escritoras y poetisas del siglo XX y que sin embargo, no lo hicieron por la falta de igualdad y de oportunidades. Siento que habla de ellas como si siguiera cada pista de un grupo de grandes mujeres que vivieron ocultas sin poder tener solución alguna.

Nada alejado de algunas conversaciones interminables, cuando un grupo de mujeres se juntan para hablar sobre un problema que las aqueja, aún existiendo diferentes pensamientos que al final siempre coinciden en la misma problemática.

Volviendo al tema de la sumisión y poca libertad de expresión de esa época, imagínense que en ese siglo, que era un siglo de hombres, una mujer afirmara lo siguiente y en voz alta:

“Una mujer debe tener dinero y una habitación propia para poder escribir novelas; y esto, como ves, deja sin resolver el gran problema de la verdadera naturaleza de la mujer y la verdadera naturaleza de la novela…”

 

Hablaba del dinero como una ventana a la libertad, una oportunidad para escoger lo que consumimos, desde libros hasta ropa que nos hacen sin duda seres independientes.

Leer esto ha sido como viajar en el tiempo: escuchaba su voz tan fuerte y a la vez tan desesperada, que aún con la distancia de los siglos podía compartir con Virginia la misma inquietud, aún con todo el conocimiento que ella tenía y yo estando un siglo después frente a la computadora. Ella y yo no podemos entender cómo es que existen aún espacios negados a la mujeres para escribir, trabajar, o hacer lo que más les gusta.

Hace un siglo en Inglaterra, a una mujer sólo se le podían pagar 500 libras, que era un pago injusto en comparación con el pago normal para alguien del sexo masculino.

¿Cómo era posible vivir al servicio de los demás?, ¿Qué clase de vida sería ser madre y nada más?, ¿Cómo auto explorarse si no tenemos un espacio propio?¿Cómo podríamos saber quién realmente somos, si no nos conocemos a nosotras mismas?.

Después de recorrer el libro y llegar al capítulo 6, entendí, agradecí y me sentí afortunada por la mujer que soy, tengo una habitación propia donde tal vez no escribo novelas, pero hago lo que me place, la ordenó y desordeno como mejor me parece, gano mi propio dinero y decido en qué invertirlo, porque ningún gasto en algo que nos ayude a crecer o ser feliz, es una mala inversión.

También puedes leer: My name is girl

Conozco muchas mujeres que tienen una habitación propia y que hacen cosas increíbles, gracias a todas ellas por crear sus propios espacios, porque eso genera diversidad de pensamientos.

Este blog no sólo es para recomendarles un libro que las dejará pensando en muchas cosas como me pasó a mí; es también para compartir algo que es muy importante y pocas veces hacemos por nosotras mismas: ¿buscamos tener un espacio donde podamos ser nosotras mismas?.

Recuerdo que cuando me mudé la parte que más me emocionaba era mi pequeña oficina. Pensaba mucho en que cuando estuviera lista, podría escribirles más cómoda, hacer más cosas, tener mi propia habitación y decidir cómo ese espacio representaría lo que soy y lo que me gusta.

Si tienen una habitación propia entenderán justo a lo que me refiero: no sólo tiene que ver con un espacio hecho de cemento, sino con un encuentro conmigo misma y saber que tengo la libertad de ser quien soy y que eso no lo ha construido nadie conmigo, porque he sido libre de decidir.

Si tienen esa habitación propia, hagan este experimento: entren como si jamás hubieran estado ahí y vean cada espacio y traten de describir a la persona que vive en él.

Les aseguro que encontrarán cosas muy extrañas pero algunas otras muy divertidas, sobre todo piensen: la mujer que habita este espacio, ¿es plena?. A veces tenemos el espacio, pero no tenemos el tiempo de hacerlo nuestro y ser nosotras mismas en el.

Piensen en amigas, que también tienen espacios propios donde son ellas mismas. Los lugares que habitamos nos describen y revelan nuestro carácter.

Les comparto fotos de mi espacio que es donde pienso y escribo sobre lo que más me gusta. Pero también les comparto espacios de mujeres que me inspiran.

@sarahkbenning

 

@themissbere

@anasofiacastanon

Si no tienes un espacio propio, no te agobies, nunca es tarde para empezar. No necesitas demasiado, creeme, solo designa un espacio para ti, decide por tu cuenta que irá en cada esquina y voilá: hazlo tuyo.

Si quieres compartir tu espacio mándame una foto y comparte cómo te sientes en el, seguro lograrás inspirar a otras mujeres.

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2 comentarios

  1. Hola Stef!

    Espero estés súper bien! Me encanta que hagas recomendaciones de libros y luego lo apliques a la vida cotidiana, muchas de las cosas que dijo Virginia Wolf hace años son tan certeras en estos momentos. Hablando de eso y de ella, ¿has visto The Hours? Te la recomiendo y trata de ella 🙂

    Un abrazo y las fotos son muy de pinterest, no me pueden gustar más!

    1. Hola Fungi!
      Muchas gracias por leer el blog, me pone muy feliz que te guste todo.
      No la he visto pero ya la busco 😛 gracias por la recomendación.

      Te mando un abrazo 🙂

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